28 de febrero de 2010

Ecuaciones sin datos.

Un día X, en un mes Y de un año Z sentí frío. Sé que si hubiese mirado el termómetro, la temperatura sería tibia. Pero yo estaba helada. Me sentía como si una persona alcohólica estuviese bebiendo una Coca-cola con más hielo que refresco dentro de mi cuerpo. Y mi piel era el vidrio contra el que el hielo choca, el que tintinea y no permite que se desporrame el líquido. Una [puta] bebida que alguien no quiere, que odias cuando lo que deseas es un [puto] Martini. Pues así podría describirme. Llena de frío por dentro. Mucho frío. No había jerseys que lo eliminasen; parecía haberse instalado ahí para siempre. Se aferró a mí clavando las uñas en mis costillas, desgarrándome la piel desde el interior. Para los que no lo conocen, es similar al vacío. Te acercas al borde y sientes vértigo al mirar cómo es el interior.
Si acercas la mano al pecho notas los latidos lentos, como si al corazón les costase bombear sangre. Temí haberme congelado.
Y todo sabe como un té frío servido en bolsita. Insípido.
¿Y si el frío se mantuviese?

4 comentarios:

Zahira Islas dijo...

Triste, pero encantador... yo tambien he sentido esa sensacion, por eso hoy al leer estas lineas recorde la razon por la que llego a mi aquel sentimiento, dificil de explicar...

Dicen que los mejores escritos son los que te hacen sentir esos momentos... y tu hoy me haz hecho sentir de nuevo.

Un beso.

Lorena Gil Díaz dijo...

me equivoco si esa sensación se debe a circunstacias sin solución?

Un beso y no mires la solución sino olvida el problema.

La chica de la sonrisa azul dijo...

eso se cura con un abrazo :)

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con la chica de la sonrisa azul