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2 de octubre de 2009

Audrey, la niña imantada de Gloria.

Audrey abrió el armario de par en par. ¡Zas!, y las puertas se chocaron. Con curiosidad, husmeó en el ropero. Al fondo, encontró un vestido impecable, azul turquesa con flecos brillante, que parecía recién sacado de un cabaret de los años veinte. Con calma, se quitó el pijama, y se enfundó en aquella preciosidad. Se lanzó un beso a través del espejo, y comenzó a bailar encima de la cama. A girar, dar vueltas, tararear aquella canción de Love of Lesbian:
-Y hace algunos siglos que he empezado a sospechar. He caído sin quererlo en tu gravedad.
'Es como si andaras siempre en espiral, Cuando encuentro una salida tu apareces, niña imantada.'
-replicó mentalmente Gloria, sentada en la cama de enfrente. Atónica, miraba como los destellos de las lámparas refulgían en el vestido de Audrey, y en sus mejillas. Sus ojos también brillaban, pero de manera diferente. No eran lunas, que se iluminan con la luz de los asteroides. No. Eran soles, que producían su propio calor, su propio brillo, su propia luz, amor.No se cansaba de mirarla; era tan bonita!

'Gloria, vamos, ¡anímate, baila con ella! Salta sobre la cama, no te preocupes por romper o desordenar. Venga, ¡baila!'
Se puso en pie, y empezó a girar, sin dejar de mirar a Audrey, que a la vez, la observaba a traves del espejo. Se acercaron, y entrelazaron las manos, dando vueltas. Sus labios se rozaron una milésima de segundo. Solo un instante.
Audrey la apartó y se desplomó en la cama, aferrándose a un cojín. Su amiga la miraba confusa desde la otra punta de la habitación, esperando a su reacción.
Pasaron unos minutos, en los que el aire era más denso que de costumbre. Sus pechos, se movían arriba y abajo, cogiendo aire después de bailar intensamente.
'Nadie, nunca nadie, nadie excepto tú, puede enviarme hacia el espacio y devolverme hacia su cama..'


La niña se revolvió sobre la cama, y girando la cara hacia Gloria, le dijo:
-Pero no te alejes, tonta. Debías haberme pedido permiso, pero te perdono. Ven, acércate.


'Y ahora yo he de admitirlo, me siento que has vencido. No hay manera humana de escapar. Así que alégrate, lo has conseguido. Los días sin ti serían precipios. No hay manera humana de escapar.'



~Los versos que aparecen entre comillas a lo largo del texto, pertecen a Niña Imantada, del grupo Love of Lesbian. 
Me voy a Coruña este fin de semana, no creo que renueve hasta el domingo por la noche. Mil besos y pásenselo genial :)

22 de septiembre de 2009

Los labios rojos.





A él no le gustaba que me pintase los labios de rojo. Decía que eran para chicas mayores, y que además, me los pintaba mal. Pero no le hacía caso, y con obstinación, agarraba la barra de carmín y pintarrajeaba mi boca. Mal, por supuesto. Sonreía al espejo, y después abusaba del gloss transparente, quedando mis labios como si fuesen de vinilo auténtico.
Al cabo de unas horas, cuando entraba por la puerta y olía el perfume para los días especiales, recorría toda la casa, ansioso, tomando nota de las manzanas verdes con besos rojo fresa y los vasos, esparcidos por casa.
Cuando me encontraba, se reprimía unos instantes, con el ceño fruncido y mirándome a la vez con enfado y desesperación. Yo le lanzaba un beso, y entonces, corría hacia mí, y me derrumbaba en la cama, matándome a cosquillas, caricias, amores. Solía terminar con los labios gastados, de color rosa desvaído; extendido por toda la mandíbula el pintalabios, y a él no le quedaba otro remedio que tirar a la basura su camisa, porque como todo el mundo sabe, las manchas de carmín no se van de la ropa.
Desde nuestra posición, mirábamos por la ventana, (siempre había ventanas al lado), y contábamos nubes.
A veces pienso que sólo me besaba para que se fuese el rojo chillón de mis labios, y volviese a ser una niña.
-Las niñas no se pintan, y tú eres una niña.- me replicaba entre besos.