Te sientas a mi lado, y en el momento en que esta silla de bar de parroquianos rasgua mis medias, sonries un poco (sólo para mí), pides otra cerveza y dibujas con tus dedos sobre mis centímetros cuadrados de piel desnuda. Mojas los dedos en el vaso y sigue pintando por mi cuello. Suspiras mientras me estremezco, porque este malabarismo terminará por estropearse, mañana tal vez, o puede que hoy.
Hurgas en tus bolsillos y sueltas un puñado de monedas de 50 céntimos que repiquetean en la mesa. Se ilumina la pantalla de tu móvil, y Barely Legal comienza a sonar, ascendiendo el volumen. La atiendes distraído y fingiendo que estás trabajando. 'Como siempre', resopla. Mis manos se aprietan excesivamente, provocando que las falanges crujan. Me muerdo los labios y noto que el malabarista está a punto de perder el control. Recojo todas las tonterías que desparramé al apoyar el bolso y me peino (o despeino, creo) frustrada.
Malditos equilibrios y sus complicaciones.
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14 de marzo de 2010
2 de septiembre de 2009
Amar.
Hablamos de amor como un sentimiento agradable, la mayoría de las veces. Podría también ser una aparente necesidad, sólo apta para egoístas.
Necesitamos sentirnos queridos, que alguien nos diga: 'Te amo, de verdad', ser el centro del mundo para una persona, o por lo menos estar en una situación próxima a él. También amamos, no solo porque esa persona se nos antoje pluscuamperfecta, sino porque podemos decir: 'Yo amo, quiero, protejo a alguien. No soy egoísta'. Error, amamos, entre otras cosas, para demostrarle al mundo lo buenos, lo solidarios que somos; para que se nos considere grandes personas, y se nos otorgue un premio al 'Más amable y cariñoso del mundo mundial'. Egoísmo, pues. Amar es, es muchas ocasiones, egoísmo, es sentirse protegido por alguien, provocar ese sentimiento en otra persona, demostrarse bueno ante los demás, ansiar un mejor puesto en la lista de los enamorados con relaciones perfectas. La mayoría de las veces.
Sin embargo, existe otro tipo de gente, escasa, todo debe decirse, que ama por el simple hecho de amar. Como si de una imprimación se tratase. Ama porque aquel que ocupa ese puesto de amado le ha dejado marcado cual metal candente. No necesita demostrar a quienes le rodean que ama. Es algo privado, es un sentimiento que le acompaña, que le vuelve adicto a estar con él/ella, que ocupa permanentemente un cien por cien de sus pensamientos, que le convierte la cabeza en un montón de algodón, lo envuelve en una alegría soñadora y a la vez, en lugar de invadir su vida por completo, le enseña una forma de ver el mundo más viva, con más colores, más agradable. Pero no le ama por esto, sino por su forma de ser. No le ama por ayudarle a vivir mejor. Lo ama porque es esa persona. Aunque él/ella ni siquiera sepa quién es. Ese forma de querer no es egoísta. No pide a cambio de su adoración, que el/la otra lo corresponda por igual. No pide nada a cambio. Esa es la diferencia. El verdadero amor.
Es complicado amar de verdad. Porque, ¿quién no desearía que el otro le ame? Ser egoísta es fácil. Yo, la persona más corriente del mundo, lo soy. Siempre pido que a cambio de lo que ofrezco, me den lo mismo.
Sin embargo, existe otro tipo de gente, escasa, todo debe decirse, que ama por el simple hecho de amar. Como si de una imprimación se tratase. Ama porque aquel que ocupa ese puesto de amado le ha dejado marcado cual metal candente. No necesita demostrar a quienes le rodean que ama. Es algo privado, es un sentimiento que le acompaña, que le vuelve adicto a estar con él/ella, que ocupa permanentemente un cien por cien de sus pensamientos, que le convierte la cabeza en un montón de algodón, lo envuelve en una alegría soñadora y a la vez, en lugar de invadir su vida por completo, le enseña una forma de ver el mundo más viva, con más colores, más agradable. Pero no le ama por esto, sino por su forma de ser. No le ama por ayudarle a vivir mejor. Lo ama porque es esa persona. Aunque él/ella ni siquiera sepa quién es. Ese forma de querer no es egoísta. No pide a cambio de su adoración, que el/la otra lo corresponda por igual. No pide nada a cambio. Esa es la diferencia. El verdadero amor.
Es complicado amar de verdad. Porque, ¿quién no desearía que el otro le ame? Ser egoísta es fácil. Yo, la persona más corriente del mundo, lo soy. Siempre pido que a cambio de lo que ofrezco, me den lo mismo.
Valeria.
Los garabatos son:
Amar egoísmo
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