30 de septiembre de 2010

Hoy me siento un héroe de película.

''¿Sabes lo que pasa? Que hoy me siento especial, me siento valiente como nunca me he sentido. Creo que si saltase me elevaría dos metros casi sin pestañear. Porque, sí, la quiero. Pero no desde hoy, desde siempre, ¿me comprendes? Desde la primera vez que la vi, con la cabeza metida en un libro de historias fantásticas, con sus pequitas que apenas se notan, con una sonrisa que se confunde con pucheros, con esos zapatones y las piernas tan finas. La quiero. Y, por eso, hoy me disfrazaré de caballero y lucharé por ella. Es más, si la viese, le diría todo esto que te estoy contando a ti, y le daría un beso de película. Y que ese gilipollas ni se acerque. Me da tanta rabia que esté con alguien que se ríe de ella y tiene trescientas amantes que no se le pueden comparar. ¡Le pegaría un puñetazo!
De verdad, si ella me quisiese... ¡que no haría yo por Ariadna! Despertaríamos abrazados y le traería un puñado de nubes y croissants para desayunar, coleccionaríamos flores con la mirada, revelaríamos fotos borrosas juntos... ¡siempre sería la primera y única!
Supongo que en el fondo soy un cobarde; prometo esto sabiendo que hoy no desayuna aquí. Es lo malo de observarla y conocerla tanto, puedo autoengañarme y jurar cosas que no haré y sentirme un héroe, y ser el dueño de un corazón herido, y blablabla. 
¿Bueno, tú qué opinas? No te oigo muy bien, ¿estás ya en el curro? Si ves a Ariadna, llámame o avísame como puedas, ¿entendido? Tengo que colgar, me reclaman. ¡Cuídate!
Sí, un café con galletas de coco, María. Gracias.''
Daniel toqueteaba la pantalla del móvil, reflejándose en ella y observando el bar. Se sentía como en un plató de cine, y hasta sus gestos estaban sobreactuados. ¿Se puede sentir uno valiente y cobarde a la vez? Él se encontraba entre los dos charcos. Era un valiente, porque le diría: ''TE QUIERO desde siempre, Ariadna.'' si se la encontraba; pero también era un cobarde, porque los viernes (y hoy era viernes, os lo aseguro), ella entraba a trabajar una hora antes, y no se verían. ''Bah, estoy seguro de que, aunque lo intentase, no daría hablado, y sería lo más patético y vergonzoso de mi vida: quedarme parado delante de ella con cara de tonto.''

-Mariiiiii, ¡adivina a quién le han dado el día libre hoy!
Sí, como en las comedias américanas, la puerta se abrió a cámara lenta y (me dio la impresión a mí) todos se volvieron hacia Ariadna, para mirarla fijamente. Todos menos Daniel. Porque él estaba recogiendo la taza que se había hecho añicos en el suelo.

1 comentario:

Dara dijo...

si me gustara el café siempre lo tomaría con galletas de coco.



(un pastel
de arándano)