Los párpados comienzan a pesarme, desvío la mirada y me muerdo los labios. Revuelves mi pelo y comienzas a deshacer cuidadosamente las trenzas. Es curioso, cuando tienes sueño todo sucede a cámara lenta, grabado en plano secuencia. Nos hacemos cosquillas con la mirada, y termino riéndome tirada en la cama; siempre ganas. La televisión murmura en un rincón, pero es ignorada en todo momento. El ambiente huele a vainilla y también a Cola-cao. Suena el teléfono, ¿quién llama a estas horas? Da igual, nos quedaremos con la duda.
Inspira. Expira. Inspira. Expira. Suspira. Tanteo de miradas otra vez, me dejo vencer. Tocada y hundida. Inspira. Expira. Inspira. Expira. Suspira. Siento frío en las piernas, y bajo las mantas, un lazo de carne y pieles distintas. Plin-plin. Hielo que gotea en la mesa y en la madera del suelo; siempre se me olvida que no te gusta el whisky con hielo. Es gracioso, Cola-cao y whisky separados por unas pocas líneas. Vueltas en la cama, me preguntas por qué me río, y yo te beso la nariz. Si te lo cuento no te haría gracia, es una tontería. Alargo el brazo hacia la mesilla y tanteo hasta atrapar una bolsa de plástico transparente llena de fresas de gominola. Rosas y verdes. Sin gluten. Te doy tres, ni una más ni una menos, y yo me apodero de cuatro. Bueno, compartimos la última. La partimos por la mitad con los dientes, y prontamente dejan de interesarnos los dulces. Me gustan tus labios. Inspira. Expira. Inspira. Expira. Suspira.
24 de abril de 2010
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3 comentarios:
Dulce como esas fresas rosas y verdes :)
Lo bonito de una situación tan tierna.
Me ha encantado como la has descrito.
Un muá(h) y un sugu de frambuesa!
ains, suspiros en primavera (:
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