Te sientas a mi lado, y en el momento en que esta silla de bar de parroquianos rasgua mis medias, sonries un poco (sólo para mí), pides otra cerveza y dibujas con tus dedos sobre mis centímetros cuadrados de piel desnuda. Mojas los dedos en el vaso y sigue pintando por mi cuello. Suspiras mientras me estremezco, porque este malabarismo terminará por estropearse, mañana tal vez, o puede que hoy.
Hurgas en tus bolsillos y sueltas un puñado de monedas de 50 céntimos que repiquetean en la mesa. Se ilumina la pantalla de tu móvil, y Barely Legal comienza a sonar, ascendiendo el volumen. La atiendes distraído y fingiendo que estás trabajando. 'Como siempre', resopla. Mis manos se aprietan excesivamente, provocando que las falanges crujan. Me muerdo los labios y noto que el malabarista está a punto de perder el control. Recojo todas las tonterías que desparramé al apoyar el bolso y me peino (o despeino, creo) frustrada.
Malditos equilibrios y sus complicaciones.
14 de marzo de 2010
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7 comentarios:
Si fueran fáciles ya no serían tan divertidos ;)
O eso pienso yo.
Genial, una vez más me has sorprendido :)
Los equilibrios son complicados, por eso nos gustarán tanto digo yo.
ow, me encanta la foto, ¿sabe señorita?
a mí las medias rotas también me ponen sonrisas en la cara.
(te dejo
un trozo de
pastel de
frambuesa)
odio tus bonitas entradas :)
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