Hablamos de amor como un sentimiento agradable, la mayoría de las veces. Podría también ser una aparente necesidad, sólo apta para egoístas.
Necesitamos sentirnos queridos, que alguien nos diga: 'Te amo, de verdad', ser el centro del mundo para una persona, o por lo menos estar en una situación próxima a él. También amamos, no solo porque esa persona se nos antoje pluscuamperfecta, sino porque podemos decir: 'Yo amo, quiero, protejo a alguien. No soy egoísta'. Error, amamos, entre otras cosas, para demostrarle al mundo lo buenos, lo solidarios que somos; para que se nos considere grandes personas, y se nos otorgue un premio al 'Más amable y cariñoso del mundo mundial'. Egoísmo, pues. Amar es, es muchas ocasiones, egoísmo, es sentirse protegido por alguien, provocar ese sentimiento en otra persona, demostrarse bueno ante los demás, ansiar un mejor puesto en la lista de los enamorados con relaciones perfectas. La mayoría de las veces.
Sin embargo, existe otro tipo de gente, escasa, todo debe decirse, que ama por el simple hecho de amar. Como si de una imprimación se tratase. Ama porque aquel que ocupa ese puesto de amado le ha dejado marcado cual metal candente. No necesita demostrar a quienes le rodean que ama. Es algo privado, es un sentimiento que le acompaña, que le vuelve adicto a estar con él/ella, que ocupa permanentemente un cien por cien de sus pensamientos, que le convierte la cabeza en un montón de algodón, lo envuelve en una alegría soñadora y a la vez, en lugar de invadir su vida por completo, le enseña una forma de ver el mundo más viva, con más colores, más agradable. Pero no le ama por esto, sino por su forma de ser. No le ama por ayudarle a vivir mejor. Lo ama porque es esa persona. Aunque él/ella ni siquiera sepa quién es. Ese forma de querer no es egoísta. No pide a cambio de su adoración, que el/la otra lo corresponda por igual. No pide nada a cambio. Esa es la diferencia. El verdadero amor.
Es complicado amar de verdad. Porque, ¿quién no desearía que el otro le ame? Ser egoísta es fácil. Yo, la persona más corriente del mundo, lo soy. Siempre pido que a cambio de lo que ofrezco, me den lo mismo.
Sin embargo, existe otro tipo de gente, escasa, todo debe decirse, que ama por el simple hecho de amar. Como si de una imprimación se tratase. Ama porque aquel que ocupa ese puesto de amado le ha dejado marcado cual metal candente. No necesita demostrar a quienes le rodean que ama. Es algo privado, es un sentimiento que le acompaña, que le vuelve adicto a estar con él/ella, que ocupa permanentemente un cien por cien de sus pensamientos, que le convierte la cabeza en un montón de algodón, lo envuelve en una alegría soñadora y a la vez, en lugar de invadir su vida por completo, le enseña una forma de ver el mundo más viva, con más colores, más agradable. Pero no le ama por esto, sino por su forma de ser. No le ama por ayudarle a vivir mejor. Lo ama porque es esa persona. Aunque él/ella ni siquiera sepa quién es. Ese forma de querer no es egoísta. No pide a cambio de su adoración, que el/la otra lo corresponda por igual. No pide nada a cambio. Esa es la diferencia. El verdadero amor.
Es complicado amar de verdad. Porque, ¿quién no desearía que el otro le ame? Ser egoísta es fácil. Yo, la persona más corriente del mundo, lo soy. Siempre pido que a cambio de lo que ofrezco, me den lo mismo.
Valeria.





2 comentarios:
Ah, este texto me encanta. :3
Soy ligeramente egoísta entonces, porque me acostumbré a no recibir nada a cambio, no es que no quiera recibirlo, es que lo seguiré queriendo así no lo reciba en 10 años..
No sé si sentirme orgullosa de eso o si sentir lástima por eso..
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