9 de mayo de 2010

¡Dime qué coño tienes! V

Con los exámenes finales a dos suspiros de empezar, Amy se esforzaba en atender al libro que tenía pegado a la nariz. Llevaba ¿cinco? ¿seis? horas sentada en el escritorio y, a pesar del cansancio y del dolor de cabeza, sabía que no aprobaría seguro. No recordaba ni una sóla palabra, y llevaba releyendo media hora la misma línea. Estiró los brazos por encima de la cabeza y giro el cuello, notando como las vértebras chocaban entre si.
Tocó la pantalla del móvil para comprobar si tenía algún mensaje nuevo. Nada. Llevaba una semana sin mandarle un sólo sms. Comprendía hasta cierto punto que tenía una evaluación muy importante, y que estaba terminando la carrera, pero a ella le ocurría lo mismo y sin embargo robaba minutos para preguntarle cómo estaba.
En realidad, no lo echaba de menos. Ese amor que parecia inagotable al principio, se notaba escaso tan sólo unos meses después. Quizá tenía razón él, dejarse de hipocresías, porque siendo claros, le importaba una mierda si ahora estaba tirándose a otra. Bueno, un poco sí que le importaba, sí. Por si acaso, debería estar haciendo lo mismo ella.
''No seas frívola, idiota. Él te quiere; pero tiene un carácter complicado.''-se decía a sí misma mascullando.
Pero creedme cuando os digo que quizá puedas mentirle a los demás, pero no a ti mismo. Y Amy ya no lo queria, por mucho que nos cueste decirlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El amor a veces se acaba, aunque cueste creerlo.

Un muá(h) enorme para ti!