6 de enero de 2010

¿Cómo se llama? Bah, es igual.


Eddie se había quedado dormida en sus brazos. Cuando Patrick abrió los ojos, la vio envejecida y a la vez más niña que nunca. ¡Tantos excesos en un cuerpo tan frágil! Pero , a pesar de todo, seguía siendo tan hermosa como la primera vez que la conoció.

* * *
Esa noche, la rubia cazó a otro hombre sin nombre, como los llamaba ella. Pat lamentó no haber sido él. Aunque no se aprendiese sus apellidos; le daba igual dejar de llamarse Patrick John Miller, si ella lo besaba y lo invitaba a su casa. Era sensacional verla bailar; contoneándose con sus mayas negras, que le oprimían las delgadísimas piernas. No le miró ni por un instante. ¡Maldita sea!
Pero, ayer, Rob se salió con la suya. La miró y le pidió fuego. Sus enormes pendientes tintinearon al encenderle el cigarrillo. Intentó entablar una conversación con ella, que le respondía desganadamente y con respuestas inconcretas. Desanimado, se disponía a irse cuando ella se interpuso y le soltó: ''Llévame a casa''; en imperativo. Sin dar crédito a su suerte, Robert la montó en el coche y le preguntó la dirección.Conducía suave.

''Es simpático este chico. No parece nada de otro mundo, pero qué más da. ¿Cómo se llama? Bah, es igual.'', pensó Eddie mientras llegaba al portal. Sabía que el joven la estaba admirando unos metros más atrás. Subió segura sobre unos altos hasta su apartamento. Rob observó la caótica elegancia de la casa. Amplios ventanales y ropa esparcida por todo el suelo de caoba. Ella se lanzó ansiosa hacia una botella de champagne, estratégicamente colocada al lado de la cama, y antes de beber, lo pensó mejor. Se quitó los tacones, y les dio una patada para meterlos bajo el armario. Se quitó el vestido de seda y el sujetador, jugueteando con el cierre. Desnuda, abrió la cama y se recostó contra la pared. Agarró con firmeza la botella y comenzó a beber, permitiendo que algunas gotas bailasen sobre su cuello antes de descender por su cuerpo. Sonrió.
-¿Tienes hambre, quieres beber algo?-preguntó mordiéndose el labio inferior.
-No, no, ¡qué va! Bueno, quizá beber un poco.-Rob se encontraba apoyado en el marco de la puerta, formando puños con las manos para contener los nervios.
-Vale, ven.-le ofreció la botella mientras abría las piernas.

9 comentarios:

Diane Ross dijo...

Esa forma de seducir es de las mas peligrosas ;)

Anónimo dijo...

Quiero más textos de esos.
Cuando hagas más avisame de seguida.

Olivia Wilde dijo...

Qué directa! Me gusta la frase del final.(Cuanto tiempo sin comentarte nada,ya era hora n.nU)

Por cierto! cambié de blog:
http://lachicadelautobusrojo.blogspot.com

Intereconomato dijo...

Esa última frase es increible, brutal. La lujuria de un polvo de una noche y el romanticismo del champan... Muy bonito el texto.

Besos fríos

Lolita and her special winter confessions dijo...

Qué potente.
Entregadísima. No me va.

Como dijo "La ladrona de besos", también quiero más textos de este tipo. Son geniales, y te quedan bien.

Besos.

Anónimo dijo...

Un polvo acompañado de champagne, que pasión!
SMILEY :D

Paris Quelart Budó dijo...

Muy interesante, sí señora.

Anónimo dijo...

Eddie me encanta. Y cada vez que lo pienso creo que sería perfecta para mi Toni (como tú me dijiste un día) Es que son igualitos, solo que Eddie, por suerte, no está enganchada a la coca.

Lia dijo...

Por tus estupendos escritos tengo un premio para ti en mi blog:)
un beso valeria!