17 de enero de 2010

Audrey es feliz debido a las pequeñas cosas.

Gira sobre si misma y se arrebuja dentro de las sábanas. Abraza la almohada y parpadea molesta. Otra vez se le ha olvidado bajar las persianas, y la luz anaranjada del amanecer la obliga a levantarse. Corre las cortinas y se tira a la cama rápidamente, pero es en vano. Ya está completamente despierta. ''Podría haber dormido dos o tres horas más'', piensa mientras se mira las ojeras.
Camina hasta la cocina y se prepara un tazón de chocolate. Juguetea con el humo que escapa de la bebida mientras espera a que se enfríe. Con su impaciencia habitual, le da un sorbo que quema su boca. Sentada bajo la ventana, con la ciudad entera a sus pies, Audrey llega a la conclusión de que son los pequeñas gestos los que te aseguran estar viva. Un pie que golpea el suelo deseando que pase el tiempo; la lengua con una quemadura central; las manos frías que se calientan agarrando una taza; las ojeras y la cama aún caliente. Es más fácil tener consciencia de tu vida por estas razones que porque un médico lo escriba en un papel el día de tu nacimiento.
Audrey es feliz con sus pies inquietos y sus ojeras.


[No pude renovar toda esta semana; me fui a esquiar y a comer golosinas a Francia, ¿queréis alguna?]

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Por supuesto =)

Yo quiero una de esas golosinas francesas!

Diane Ross dijo...

Tiene razón, esas razones son maravillosas.

Yo también quiero *O*

Anónimo dijo...

Gloria es una gran chica lo sabes?

Hollie A. Deschanel dijo...

Yo quiero nubes :)

Beso!

Jimena del Solar dijo...

No todos se dan cuenta de eso!

Oh no gracias, no quiero dulce estoy a dieta pero puedes invitarme a Francia no te preocupes :)